La nueva normalidad


La nueva normalidad

Algo que valoro mucho de mi trabajo en los últimos meses, fue haber tenido días en donde sentí que me pagaron por aprender.

Estábamos en el segundo día del curso. Durante uno de los ejercicios, C., el instructor de Learning & Development, nos dijo: para la siguiente consigna les advierto que todo lo que surja en estas conversaciones deberá ser confidencial. Los temas pueden tornarse muy íntimos, por lo que les pido que permanezca en esta sala.

Nos pusimos en grupos de 3. Una persona iba a jugar el rol del Asesor, otro sería el Asesorado, y la última el Observador. Empezó el ejercicio y primero me tocó observar.

El Asesor está ahí para escuchar atentamente la cuestión que el Asesorado trae para conversar. Idealmente, el Asesor hace preguntas abiertas, orienta y ayuda a que el Asesorado encuentre claridad por sí mismo. El Asesor te hace pensar, te ayuda a que veas el tema que traes con una mirada más amplia.

En papel suena muy simple, pero dejar de lado nuestra opinión personal al momento de asesorar es tremendamente difícil. Una frase errada puede bloquear a la otra persona. Ponerla a la defensiva. Es muy humano atar y cerrar cabos, cuando lo que buscamos es expandir el razonamiento del otro y comprender. Yo no te voy a decir lo que tenés que hacer, te voy a dar una mano para que encuentres respuestas.

Cuando los diez minutos de conversación terminaron, me tocó dar la devolución al Asesor. Mencioné que había sido tajante con algunas frases y que su pierna podía distraer un poco —el chico no dejaba de moverla mientras escuchaba al Asesorado, lo que trasmitía cierto nerviosismo, incluso de forma involuntaria. Por lo que me parecía importante cuidar el lenguaje corporal. Pero que en general, había estado muy bien.

Ahora era mi turno de ser la Asesorada. Disfruté del ejercicio previo y me concentré tanto en la conversación que tenía frente a mi, que olvidé por completo pensar de qué iba a hablar yo cuando llegase el momento. Dos segundos después, mi Asesora me pregunta: What do you want to be coach on today?

Murmuré una onomatopeya y solté lo primero que me vino a la mente: Estoy un poco ansiosa.

¿Por qué?, me pregunta.

Otra vez, no me tomé ni dos segundos para siquiera disimular: Porque el hotel va a cerrar a fin de año, dije, y no sé que va a pasar con el trabajo. Hay rumores, pero aún no sabemos nada.

Convengamos que conocí a la chica que jugó a ser mi Asesora hacia sólo un par de horas. Era prácticamente una extraña. Estaba sentada frente a mi, mirándome directo a los ojos con una mano sobre otra, en su regazo. Quien jugaba a ser Observador, nos miraba atento.

¿Qué es lo que te preocupa?, me dice ella y yo suelto media sonrisa. Me da ansiedad no saber dónde voy a trabajar, le respondo. Me preocupa pagar el alquiler, sobrevivir y mantener mis cosas. Pero me gusta mucho lo que hago e intento no pasar esa ansiedad al resto del equipo.

¿Qué es lo que estás haciendo ahora?

Bueno, le digo, me concentro en el presente. Estamos en Abril, Hilton Amsterdam cierra por renovaciones a fines de Noviembre, e intento controlar el hoy, dentro lo que puedo. Muchos colegas se están yendo, pero por ahora pienso quedarme trabajando acá. Para tocar el violín hasta el final, hasta que se hunda el barco, con el resto de mis compañeros.

La Asesora se rió con mi referencia a Titanic y luego hablamos de las opciones que la empresa tiene, la experiencia que estoy ganando trabajando hasta el cierre del hotel y que mientras tanto, quienes quedemos en el equipo formaremos un grupo muy especial.

Terminamos la conversación conmigo diciendo: Creo que al final, las cosas no están tan mal.

Estás haciendo todo lo que está a tu alcance, me dijo ella.

video preview

Cerrando ya el día, C. nos preguntó qué característica valorábamos más sobre nosotros, sobre nuestra personalidad, más allá del trabajo.

Esta vez, fue dándonos la palabra uno por uno. Cuando llegó a mi, me encontré diciendo que lo que más valoraba era mi independencia. Valerme por mí misma, tomar las decisiones que quiero, cuando quiero.

Y fue en ese momento que entendí por qué el cierre del hotel me afectaba tanto. Diciendo en voz alta aquello que valoro más sobre mi, encontré la raíz de mi ansiedad. La idea de no tener un trabajo fijo, no poder pagar mis cuentas, no poder solventarme, tener que pedir ayuda, socava todo aquello por lo que vine trabajando durante los últimos años de mi vida adulta. Lo pone en jaque.

La libertad de tomar decisiones

Sí, el hotel va a cerrar en Noviembre. ¿Puedo hacer algo para cambiarlo? No.

Entonces, ¿por qué preocuparme?

¿Hay una indemnización, plan de re-localización y subsidio? Sí.

Entonces, ¿por qué preocuparme?

¿Tengo un departamento donde vivir?, ¿me gusta mi trabajo?, ¿aprendo y gano experiencia día a día? Sí, sí y sí.

Entonces, ¿por qué preocuparme?

Pasaron dos meses desde aquel curso. Hoy, puedo decir, estoy muy tranquila. Tan tranquila que decidí ir a Italia en Agosto, para visitar a mis primos y ver a los amigos que hice hace hace casi ya tres años, cuando me mudé al Piemonte para hacer la ciudadanía e iniciar con este viaje.

Tan tranquila, que decidí ir a Argentina a fin de año, para estar en el casamiento de mi mejor amiga y para cenar el 24 de Diciembre con mi familia, en casa. "Va a ser una Navidad distinta", me dijo contenta mi mamá durante la videollamada.

Fue en ese momento, con esas palabras, que caí en la cuenta en cuánto cambiaron las cosas, en cómo está pasando el tiempo. La nueva normalidad ya no es la vida que tuve en Argentina. La nueva normalidad es estar lejos.

La nueva normalidad es tomar aviones, yendo de acá para allá, buscando reencuentros.

Lo especial es, ahora, estar en casa en Navidad. Lo especial es, ahora, darle un abrazo a mamá y papá.

Y qué lindo es tener la libertad de hacer todo eso.



Última pieza de ficción publicada: Anestesia

vistiendo palabras

Mi nombre es Romina. Escribo relatos de ficción & no-ficción, crónicas y artículos. Coqueteo con el periodismo y la literatura. Amo los días nublados y el café.

Read more from vistiendo palabras
romina en un bar de amsterdam

Ayer decidí desintoxicarme Ayer empezó hace más, en realidad. No estoy segura cómo delimitar la transición, pero lo cierto es que una cosa llevó a otra y acá me encuentro. Respirando un poco mejor, sintiéndome más liviana. Cuando tenía unos 22 años, allá por el 2019, 2020, andá a saber, tuve una etapa fan-obsesionada-enferma con el minimalismo. Llegué a borrar muchas aplicaciones, incluso a cerrar cuentas en redes sociales, porque el peso que ocupaban en mi mente era muchísimo más grande que...

Rijksmuseum in Amsterdam

Desaparecida por dos años No tengo muy claro aún si esta es una carta a mi misma, justificando mi ausencia para con el teclado, o más bien, un saludo muy grande a vos que te estás tomando el tiempo de leer. Quizás ahí está el punto de la escritura, contarle una historia a alguien que entretenga por algunos minutos pero que también deje salir algo que el autor vino cultivando por mucho, mucho tiempo. Hace dos años me mudé a Amsterdam. La ciudad me consumió, de la mejor forma posible. Siento...

Punto final El pasado agosto, septiembre y octubre fueron cruciales. Anecdóticos, también diría. Hasta el día de hoy, con mi amiga M., citamos esos meses como el verano, donde fumábamos cigarrillos en cada pausa que encontrábamos y nos quedábamos a tomar alcohol en el bar después del trabajo. Casi todos los días. Fue divertido en la superficie, pero con el pasar de las semanas se convirtió en un disfraz para las verdaderas cosas que a ambas nos estaban atormentando. Un cinco de agosto, mi...